




Las cucarachas son unos insectos dictiópteros, nocturnos y corredores, muy comunes en las zonas templadas del planeta y mucho más en las tropicales. Sólo tres especies de cucarachas, la cucaracha negra común (Blatta orientalis), la cucaracha americana (Periplaneta americana) y la cucaracha rubia o alemana (Blatella germanica), están extendidas mundialmente como consecuencia de las actividades comerciales.
Una característica de estos insectos es que mueren panza arriba y así se suelen encontrar sus cadáveres. No siempre es así, pero sí mayoritariamente.
El encontrar una cucaracha inmóvil en esa posición tampoco quiere decir que esté muerta, pues a menudo simulan esa condición para después voltearse y escapar cuando la amenaza que detectaron desaparece.
Pero, a lo que vamos… ¿por qué mueren boca arriba?
Cuando una cucaracha muere por causas naturales, el rigor mortis hace que sus patas se contraigan. Sería mucha coincidencia que todas las patas partieran del mismo grado de extensión y que se contrajeran a la misma velocidad, por lo que lo más común es que unas se contraigan antes y en mayor medida que las otras. Esto desequilibra el centro de gravedad del insecto, por lo que vuelca hacia ese lado.
Si la muerte viene provocada por algún insectida también acaban boca arriba. En este caso porque la composición del producto ataca el sistema nervioso del insecto provocándole espasmos que causan su volteo. Perdida la coordinación, la cucaracha es incapaz de darse la vuelta y así le sobreviene la muerte.
Curiosidades: Estos insectos resultan asquerosos para mucha gente. La aversión y el miedo, la fobia a las cucarachas, recibe el nombre de blatofobia.
Más necias que un pedo: La resistencia de las cucarachas es proverbial. Son capaces de sobrevivir durante un mes sin agua y de dos a tres meses sin comer, soportan una dosis de radiación de 6 a 15 veces superior a la que soportan los humanos y, por si fuera poco, sobreviven dos semanas sin cabeza. Que cabrón!


El síndrome de Estocolmo es una respuesta psicológica en el que la víctima de secuestro, o persona detenida contra su propia voluntad, desarrolla una relación de complicidad con su secuestrador. En ocasiones, los prisioneros pueden acabar ayudando a los captores a alcanzar sus fines o evadir a la policía.
Debe su nombre a un hecho curioso sucedido en la ciudad de Estocolmo, Suecia. En 1973 se produjo un robo en el banco Kreditbanken de la mencionada ciudad sueca. Los delincuentes debieron mantener como rehenes a los ocupantes de la institución durante 6 días. Al entregarse los captores, las cámaras periodísticas captaron el momento en que una de las víctimas besaba a uno de los captores. Y, además, los secuestrados defendieron a los delincuentes y se negaron a colaborar en el proceso legal posterior.
Causas: El síndrome de Estocolmo puede parecer curioso a primera vista. La literatura menciona varias posibles causas para tal comportamiento:
Tanto el rehén o la víctima como el autor del delito persiguen la meta de salir ilesos del incidente, por ello cooperan. Los rehenes tratan de protegerse, en el contexto de situaciones incontrolables, en las cuales tratan de cumplir los deseos de sus captores.
Los delincuentes se presentan como benefactores ante los rehenes para evitar una escalación de los hechos. De aquí puede nacer una relación emocional de las víctimas por agradecimiento con los autores del delito. Con base de la historia de desarrollo personal se puede ver el acercamiento de las víctimas con los delincuentes, una impresión en la edad infantil. Un infante aprende que uno de los padres está enojado, aunque sufre por ello, puede tranquilizarlo por el desvanecimiento de los comportamientos "malos/enojados" y como prueba contraria trata "comportarse bien", puede activar este reflejo en una situación extrema. La pérdida total del control, que sufre el rehén durante un secuestro, es difícil de digerir. Se hace soportable en el que la víctima se trata de convencer a sí misma, ya sea por su propia voluntad, por ejemplo: se identifica con los motivos del autor del delito.
Situaciones
De acuerdo con el psicólogo Nils Bejerot, el síndrome de Estocolmo es más común en personas que han sido víctimas de algún tipo de abuso, tal es el caso de:
Casos Famosos
Patricia Hearst durante el atraco protagonizado por el SLA en el banco Hibernia.Otros casos famosos incluyen rehenes de aviones y otras personas secuestradas, Patricia Hearst, nieta del influyente y poderoso editor William Randolph Hearst, quien, después de haber sido retenida por una organización terrorista (el Ejército Simbiótico de Liberación), se unió a ellos varios meses después de haber sido liberada.
Otros usos
Fuera del contexto criminal una forma de que el síndrome puede ocurrir es en el entrenamiento militar básico, en el cual este es una experiencia ligeramente traumática con la meta de formar ligas entre las unidades militares, que seguirán siendo leales entre sí, aún en situaciones de peligro de muerte. Similarmente, los efectos del sistema de las "novatadas" en la introducción a grupos (tales como fraternidades y las hermandades de mujeres) se han comparado al síndrome. En la antropología cultural un síntoma similar común es la captura de la novia. Lealtad a un abusador más poderoso - a pesar del peligro que esta lealtad pone a la víctima de abuso- es común entre víctimas de abuso doméstico, los maltratados y el abusador de infantes (infantes dependientes). En muchos casos las víctimas eligen seguir siendo leales a su abusador, y eligen no dejarle, incluso cuando se les ofrece una colocación segura en hogares adoptivos o casas de seguridad. Este síndrome fue descrito por los psicoanalistas de la escuela de la teoría de las relaciones del objeto, como el fenómeno de la identificación psicológica con el abusador poderoso.
Síndrome de Helsinki
El síndrome de Helsinki se conoce falsamente y se emplea en lugar de la expresión correcta del síndrome de Estocolmo. La expresión síndrome de Helsinki aparece en la película Duro De Matar (EUA, 1988): en un informativo de televisión un psicólogo habla sobre el Síndrome de Helsinki. El locutor interviene diciendo "nombrado según la ciudad de Helsinki en Suecia", –"No, en Finlandia", corrige el psicólogo. También la película alemana Knockin’ on Heaven’s Door (Alemania, 1996) el protagonista principal, Til Schwiger, emplea incorrectamente el término síndrome de Helsinki.
En la serie de televisión Expediente X en el capítulo titulado Folie à Deux (Locura de dos) el agente Fox Mulder (David Duchovny) cae en la ilusión de su secuestrador y refuta que sea una locura de dos o el Síndrome de Helsinki.
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